sábado, 3 de septiembre de 2011

Abre los ojos


La primera entrada de este blog terminaba diciendo: “No sé si lo que aquí escriba podrá interesarle a alguien algún día, ni siquiera sé si alguien llegará a leerlo”. Sin embargo, veo el contador de visitas que supera las 430, y me han ido llegando multitud de mensajes de gente (todo mujeres) que se ha sentido identificada en mis palabras, que ha vivido situaciones similares y se ha visto embargada por la angustia que genera el sentirse una yonki que pierde el control y es incapaz de recuperarlo de nuevo.

En muchos de esos mensajes me piden consejo, orientación. Un mensaje decía: “Mientras una parte de mi necesita recuperar las riendas y enfrentarse al dichoso MONSTRUO, la otra se siente demasiado débil, sin fuerzas para afrontar esa lucha”.

No sé si estoy en situación de aconsejar a nadie, porque cada historia tiene muchos días vividos detrás, y sólo el protagonista del cuento conoce los detalles. Sin embargo, sí quiero a partir de ahora analizar más profundamente mi batalla, ser más explícita con las “etapas” que he ido pasando para llegar hasta aquí, y los avances que voy consiguiendo cada día y cada semana.

No se trata de que nadie siga mis pasos, pero igual que una guía de viajes al visitar un país extranjero, puede mi historia servir de orientación.

Paso 1: Tengo un problema

Muchas veces me he referido a un día concreto (17 de agosto de 2011) como mi “momento revelación”. Fue justo después de mi último atracón. En mi cabeza resonaron fuerte unas palabras:  “HASTA AQUÍ”

Ya había notado algo “raro” mientras me comía una palmera de chocolate. En la pastelería cuando lo estaba comprando, la palmera era lo más apetecible del mundo. Estaba nerviosa, ansiosa de llegar a casa con mi compra (acababa de pasar por el super también). Me imaginaba lo rica que iba a estar, lo bien que me iba a sentir… y sin embargo, apenas me di cuenta de cómo sabía. Solo fui consciente cuando la terminé, apenas la había masticado, y mucho menos saboreado. Mi cuerpo me gritaba que “necesitaba más”… ahora tocaba una ración de algo salado para quitarme de lo dulce.

Un rato después me vi a mi misma delante de una mesa llena de envoltorios de comida, restos en un plato, latas de coca cola vacías. El mismo vacío que yo sentía dentro. Acababa de ocurrir, me había pegado un atracón de los grandes. De esos que te dejan hasta mal cuerpo, porque sabes que estás perdiendo el control, pero a la vez no puedes parar.

Y entonces, en esa situación en la que no te enfrentas a un recuerdo lejano, sino al presente, a lo que tienes delante, me hice LA PREGUNTA.

¿Esto es normal?

Pues no. No lo es. Y así empezó todo…

Creo que es necesario verte ahí para ser consciente. No vale con acordarte de la última vez que te pasó, porque los recuerdos están sesgados por nuestra memoria, y la vergüenza que tenemos de nuestros propios actos. Vívelo, y cuando lo estés haciendo, en ese momento: ABRE LOS OJOS. 


Hoy peso 71.8 kg

1 comentario:

  1. K está hecha un lio, pero también ya dijo BASTA, y quiere cambiar. Tengo años luchando con mi adicción, pero ahora si lo reconozco como tal. No sé como me vaya a ir, estoy consciente del problema, pero no sé si con eso vaya a ser suficiente. ¿Se podra empezar a cambiar con solo unas horas de lectura? espero que si y de antemano te agradezco, espero escribas pronto.

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