Antes de nada disculparme ante la gente que seguís este blog, y que habéis tenido que esperar tantos días a una nueva entrada. No me he olvidado de él, ni me he rendido, ni me he dejado vencer, pero hay situaciones en las que tenemos que organizar prioridades, y a mi me ha tocado en las últimas semanas dedicar todas mis horas al trabajo.
Ya estoy de vuelta.
En mi última entrada había subido de peso. No entiendo el motivo, ni entiendo cómo funciona mi cuerpo. Pero por primera vez no lo he utilizado como una excusa, y he seguido haciendo las cosas BIEN aunque no obtuviera resultados. He recordado mi compromiso ante el espejo, mirándome a los ojos: mi objetivo es cambiar yo, no sólo bajar de peso. Así que al menos una de las dos cosas, la voy a lograr… y la otra ya vendrá.
Paso 3: Definir el objetivo
Creo que es el paso más importante de todos. No engañarnos pensando que el objetivo es llegar a un peso tal, o a una talla cual. El verdadero objetivo a conseguir debe ser CAMBIAR, cambiar el chip, cambiar nuestros hábitos, cambiar nuestra relación con la comida y eliminar esa unión que nos hace daño.
Yo no quiero volver a sentirme una YONKI. No quiero perder el control al abrir una caja de bombones, o preparar comida para 4 y devorarla estando sola en casa, o salir a la calle con ansiedad anticipando lo que voy a comprar y comer. La bajada de peso, que necesito aún, será una consecuencia de mi cambio. Está claro que anima, y ayuda a seguir, porque es “lo que se ve”… bajar cada día unos gramitos, sentirte mejor en tu cuerpo, llevar ropa que antes no soñabas con ponerte… incluso aguantar mejor unos tacones!
Hoy peso 69,5 kg
¡Queremos más!
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