Perder el control.
No mirar, dejar de ver, quedarse ciego unas horas hasta que todo pasa. Y después buscar excusas. O acabar rápido con todas las señales que puedan dar una pista de lo que ha sucedido.
Cuántas veces me he visto a mi misma metiendo envoltorios en una bolsa, y saliendo a tirar la basura antes de que nadie se entere. O cubriendo de papel de cocina los mismos envoltorios y enterrándolos bien al fondo del cubo de la basura. Pero no es sólo por miedo de que los otros sepan de mi debilidad, porque incluso estando sola en casa me he escondido de mi misma. No me reconocía en esas acciones, y siempre he prefierido mirar hacia otro lado, no ser consciente.
Pero poco a poco voy dándome la oportunidad de CAMBIAR lo que no me gusta.
Tan sólo hace 11 días que comencé a escribir. Este blog nació de la culpabilidad de mi última batalla perdida, de mi último ataque yonki. Pero una batalla no gana una guerra, y desde hace 11 días mantengo al monstruo encerrado en su celda.
Es verdad que nada me asegura que no volverá a salir. La certeza crece cada día que pasa y que puedo decir: “Hoy YO he sido más fuerte, y todavía tengo energía para enfrentarme a mañana”. Cada uno de esos 11 días he ido ganando un candado, y voy cubriendo la puerta de su celda de traviesas que hagan más difícil su huída. De momento, me mantengo en posición de defensa, porque sé que aún el enemigo está fuerte. Con el tiempo espero debilitarlo tanto, que ni siquiera su amenaza real sea capaz de menguar mis ganas. Porque YO soy más fuerte.
Hoy peso 73.0 kg
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