domingo, 25 de septiembre de 2011

Definir objetivos

Antes de nada disculparme ante la gente que seguís este blog, y que habéis tenido que esperar tantos días a una nueva entrada. No me he olvidado de él, ni me he rendido, ni me he dejado vencer, pero hay situaciones en las que tenemos que organizar prioridades, y a mi me ha tocado en las últimas semanas dedicar todas mis horas al trabajo.

Ya estoy de vuelta.

En mi última entrada había subido de peso. No entiendo el motivo, ni entiendo cómo funciona mi cuerpo. Pero por primera vez no lo he utilizado como una excusa, y he seguido haciendo las cosas BIEN aunque no obtuviera resultados. He recordado mi compromiso ante el espejo, mirándome a los ojos: mi objetivo es cambiar yo, no sólo bajar de peso. Así que al menos una de las dos cosas, la voy a lograr… y la otra ya vendrá.

Paso 3: Definir el objetivo

Creo que es el paso más importante de todos. No engañarnos pensando que el objetivo es llegar a un peso tal, o a una talla cual. El verdadero objetivo a conseguir debe ser CAMBIAR, cambiar el chip, cambiar nuestros hábitos, cambiar nuestra relación con la comida y eliminar esa unión que nos hace daño.



Yo no quiero volver a sentirme una YONKI. No quiero perder el control al abrir una caja de bombones, o preparar comida para 4 y devorarla estando sola en casa, o salir a la calle con ansiedad anticipando lo que voy a comprar y comer. La bajada de peso, que necesito aún, será una consecuencia de mi cambio. Está claro que anima, y ayuda a seguir, porque es “lo que se ve”… bajar cada día unos gramitos, sentirte mejor en tu cuerpo, llevar ropa que antes no soñabas con ponerte… incluso aguantar mejor unos tacones!

Bueno, ¿y qué pasa si mi objetivo es sólo bajar peso? Pues para aquellas personas que no tengan una relación “enfermiza” con la comida, tal vez no pase nada. Adelgacen, lleguen a su peso, y puedan pasar su vida manteniéndose kilo arriba o kilo abajo, vigilando un poquito siempre y compensando los excesos. No funcionaría en mi caso. Yo estoy segura de que si mi objetivo fuera sólo perder kilos, al lograrlo correría el riesgo de volver a caer en esa ADICCIÓN que para mi era la comida. Al lograr llegar a “mi falsa meta”, me relajaría y pensaría que “puedo con todo”, cuando en realidad no es así. Por eso mi objetivo no es llegar a los 60 kilos, sino el día a día. Quiero ser yo la que decida lo que comer y cuándo comerlo, y no que la comida decida por mi.



Hoy peso 69,5 kg

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El mejor amigo

¿Y ahora qué?

Vale, ya nos hemos enfrentado a nuestra propia debilidad y hemos sido conscientes de que no es ESO lo que queremos. Y ahora qué?

Iba a decir que ya hemos hecho lo más difícil, pero estaría mintiendo. Lo verdaderamente difícil empieza ahora, porque es una lucha constante, en la que cada día se ponen a prueba tus ganas, tu fuerza de voluntad.

Paso 2: Aceptación del compromiso

Mi siguiente paso fue duro: situarme delante del espejo y mirarme. No hablo de VER, como la función que tienen los ojos al enviar una imagen al cerebro. Hablo de MIRAR. Mirar es ser consciente de lo que se ve. Abrir los ojos a conciencia.

Es difícil, os aseguro que lo es. Enfrentarme a mi propia imagen en el espejo me hizo sentir más vergüenza de la que nunca recuerdo. Mirarme a los ojos directamente, creo que no lo había hecho nunca. Me sentí como una niña a la que descubren haciendo una travesura, o a la que pillan en una mentira. Porque justo eso fue lo que descubrí, que llevaba tiempo mirando hacia otro lado, no queriendo ver. Mintiéndome incluso a mi misma, a mi misma más que a nadie. Pero no se puede mentir mirando a los ojos, así que me atreví a hacerlo. Y me vi.

No sé deciros cuántos minutos pasaron así, con un espejo entre las manos, mirándome a los ojos, pero descubrí tantas cosas!

Creo que hasta ahora nunca había buscado más allá de mi reflejo en el espejo, más allá de mi imagen. En mi interior. Y al establecer esa relación íntima conmigo misma, ya no pude seguir engañándome. Acepté el compromiso. Me hablé, y a diferencia de otras veces, me escuché a mi misma. Dije: “Tengo que cambiar porque hacerme esto a mi misma me hace sufrir”.



Yo os animo a que lo hagáis, a que recuperéis esa relación. Y es que pasamos por esta vida tan rápido, siempre pendientes del minutero del reloj, del horario, del ritmo acelerado… que perdemos la intimidad hasta con nosotros mismos, y a veces incluso, en vez de tenernos como al mejor amigo nos llegamos a convertir en nuestro propio enemigo. 


Hoy peso 72.1 kg. 

He subido, y por un momento he visto el fantasma del desánimo que otras veces me ha llevado a rendirme. 

Pero hoy he decidido yo, y le he dejado marchar. 

sábado, 3 de septiembre de 2011

Abre los ojos


La primera entrada de este blog terminaba diciendo: “No sé si lo que aquí escriba podrá interesarle a alguien algún día, ni siquiera sé si alguien llegará a leerlo”. Sin embargo, veo el contador de visitas que supera las 430, y me han ido llegando multitud de mensajes de gente (todo mujeres) que se ha sentido identificada en mis palabras, que ha vivido situaciones similares y se ha visto embargada por la angustia que genera el sentirse una yonki que pierde el control y es incapaz de recuperarlo de nuevo.

En muchos de esos mensajes me piden consejo, orientación. Un mensaje decía: “Mientras una parte de mi necesita recuperar las riendas y enfrentarse al dichoso MONSTRUO, la otra se siente demasiado débil, sin fuerzas para afrontar esa lucha”.

No sé si estoy en situación de aconsejar a nadie, porque cada historia tiene muchos días vividos detrás, y sólo el protagonista del cuento conoce los detalles. Sin embargo, sí quiero a partir de ahora analizar más profundamente mi batalla, ser más explícita con las “etapas” que he ido pasando para llegar hasta aquí, y los avances que voy consiguiendo cada día y cada semana.

No se trata de que nadie siga mis pasos, pero igual que una guía de viajes al visitar un país extranjero, puede mi historia servir de orientación.

Paso 1: Tengo un problema

Muchas veces me he referido a un día concreto (17 de agosto de 2011) como mi “momento revelación”. Fue justo después de mi último atracón. En mi cabeza resonaron fuerte unas palabras:  “HASTA AQUÍ”

Ya había notado algo “raro” mientras me comía una palmera de chocolate. En la pastelería cuando lo estaba comprando, la palmera era lo más apetecible del mundo. Estaba nerviosa, ansiosa de llegar a casa con mi compra (acababa de pasar por el super también). Me imaginaba lo rica que iba a estar, lo bien que me iba a sentir… y sin embargo, apenas me di cuenta de cómo sabía. Solo fui consciente cuando la terminé, apenas la había masticado, y mucho menos saboreado. Mi cuerpo me gritaba que “necesitaba más”… ahora tocaba una ración de algo salado para quitarme de lo dulce.

Un rato después me vi a mi misma delante de una mesa llena de envoltorios de comida, restos en un plato, latas de coca cola vacías. El mismo vacío que yo sentía dentro. Acababa de ocurrir, me había pegado un atracón de los grandes. De esos que te dejan hasta mal cuerpo, porque sabes que estás perdiendo el control, pero a la vez no puedes parar.

Y entonces, en esa situación en la que no te enfrentas a un recuerdo lejano, sino al presente, a lo que tienes delante, me hice LA PREGUNTA.

¿Esto es normal?

Pues no. No lo es. Y así empezó todo…

Creo que es necesario verte ahí para ser consciente. No vale con acordarte de la última vez que te pasó, porque los recuerdos están sesgados por nuestra memoria, y la vergüenza que tenemos de nuestros propios actos. Vívelo, y cuando lo estés haciendo, en ese momento: ABRE LOS OJOS. 


Hoy peso 71.8 kg

lunes, 29 de agosto de 2011

Soy fuerte

Perder el control.

No mirar, dejar de ver, quedarse ciego unas horas hasta que todo pasa. Y después buscar excusas. O acabar rápido con todas las señales que puedan dar una pista de lo que ha sucedido.

Cuántas veces me he visto a mi misma metiendo envoltorios en una bolsa, y saliendo a tirar la basura antes de que nadie se entere. O cubriendo de papel de cocina los mismos envoltorios y enterrándolos bien al fondo del cubo de la basura. Pero no es sólo por miedo de que los otros sepan de mi debilidad, porque incluso estando sola en casa me he escondido de mi misma. No me reconocía en esas acciones, y siempre he prefierido mirar hacia otro lado, no ser consciente.

Pero poco a poco voy dándome la oportunidad de CAMBIAR lo que no me gusta.

Tan sólo hace 11 días que comencé a escribir. Este blog nació de la culpabilidad de mi última batalla perdida, de mi último ataque yonki. Pero una batalla no gana una guerra, y desde hace 11 días mantengo al monstruo encerrado en su celda.

Es verdad que nada me asegura que no volverá a salir. La certeza crece cada día que pasa y que puedo decir: “Hoy YO he sido más fuerte, y todavía tengo energía para enfrentarme a mañana”. Cada uno de esos 11 días he ido ganando un candado, y voy cubriendo la puerta de su celda de traviesas que hagan más difícil su huída. De momento, me mantengo en posición de defensa, porque sé que aún el enemigo está fuerte. Con el tiempo espero debilitarlo tanto, que ni siquiera su amenaza real sea capaz de menguar mis ganas. Porque YO soy más fuerte.

Hoy peso 73.0 kg

jueves, 25 de agosto de 2011

From lost to the river


De perdidos al río

¿De dónde viene esa refrán? Me imagino que hace años, en las batallas cuerpo a cuerpo, una táctica que usaban era intentar acorralar al enemigo hacia el río, de manera que no tuviera escapatoria. Estaba entonces en su mano dejarse capturar y caer prisionero, o tirarse al río y dejarse llevar. De perdidos, al río!

Yo he sido de las que acaban en el río.

La historia de mi vida: Cuidarme, ser estricta durante días, semanas o meses, ir ganando confianza y poniendo a prueba la fuerza de voluntad. Durante ese tiempo, con más o menos esfuerzo consigo encerrar al MONSTRUO. A veces intenta salir, pero todavía mi compromiso está reciente y consigo dominar la ansiedad.

Poco a poco voy ganando confianza, voy creyendo que puedo permitirme bajar la guardia “por una vez”, que no pasa nada si de vez en cuando me “doy un capricho”. Algo pequeño. En la mente siempre es algo pequeño, claro. Tal vez un postre, un bombón, o una cena con los amigos.

Pero claro, de perdidos al río!

Es la llave que abre la puerta de la celda del monstruo. Una onza se convierte en una tableta y el día de “saltarse la dieta por una vez” se transforma en “la semana de descontrol”, y un día por otro, vuelta a empezar. ¡Qué tonta! Después de tantas veces, y todavía no me había dado cuenta de que no sé nadar!

Como he empezado diciendo, esta ha sido la historia de mi vida, pero claro, esto ya es historia. Seguro que vuelvo a encontrarme algún río en mi camino, incluso estoy segura de que lo buscaré yo misma en algún momento, pero por una vez voy a arriesgarme a entregarme al enemigo, y a ver qué pasa… 

Hoy peso 73.9 kg